La capacidad de generar expectativas y transformarlas en esperanza ha sido uno de los grandes éxitos tanto del candidato Javier Milei como del Presidente Javier Milei. Pero la magia se advierte algo eclipsada desde hace algo más de un mes y la gestión de las expectativas, así como la consolidación de la esperanza, se encuentran ahora en zona de turbulencias. Como el dólar y el control de la agenda pública.
A la palabra oficial ha empezado a costarle demasiado convertirse en hecho positivo como venía lográndolo desde la campaña presidencial de 2023. Y, demasiadas veces, está provocando el efecto contrario al deseado.
Con ese telón de fondo, donde ocurre lo que de verdad importa, en un lugar inmediatamente posterior de la esfera política aparece la elección legislativa porteña para aportar su cuota de incertidumbre, en momentos de dudas mayores.
Al Gobierno y a los tomadores de decisiones no les escapa que estos comicios se han convertido en una primera vuelta anticipada que tendrá efectos más trascendentes y de impacto más hondo que la mera composición de la Legislatura local. Como para que algunos ya hayan empezado a llamarla “la madrecita de todas las batallas”.
Así, el Gobierno, caracterizado por su tendencia a los enfoques unidimensionales y por tener un equipo demasiado acotado, se encuentra obligado a enfrentar una demanda multipolar de su atención y de su capacidad de resolución de problemas, sin hallar la salida del laberinto en el que se metió solo y sigue afectando el activo de la confianza.
El enorme despliegue de acciones de sus primeras figuras hecho ayer para tratar de ponerle fin a las turbulencias cambiarias y el magro (o casi nulo) resultado logrado grafican el estado de complicación en el que se encuentra en una cuestión demasiado sensible, que afecta el núcleo de su capital.
El “bombazo” noticioso para terminar con las especulaciones cambiarias que estaban drenando reservas, promovido por voceros de ministro Luis Caputo la noche anterior, terminó siendo poco más que balas de fogueo de efecto efímero, a las que intentaron dotar de efectividad el vocero presidencial primero y, luego, el propio Presidente. Pero ni ese refuerzo fue suficiente.
Resultó, al fin, en un exceso de exposición y devaluación de la palabra oficial, acelerada por los recurrentes tropiezos verbales del titular del Palacio de Hacienda. Suficiente como para explicar el mal humor que se palpaba ayer en las inmediaciones de los despachos oficiales de la Casa Rosada y el vecino Palacio de Hacienda.
Al final de la jornada, casi todo se lo que se había propuesto se había diluido.
El anuncio de Caputo de que el FMI ya había dispuesto el otorgamiento de 20.000 millones de dólares fue relativizado casi de inmediato por la vocera del organismo, Julie Kozack. Con el agravante de que la funcionaria sembró dudas, además, sobre la aseveración del ministro de que su declaración había sido acordada con la cúpula del Fondo.
Para peor, desde las oficinas en Washington se dejó trascender que las autoridades del FMI habían sido sorprendidas por la declaración ministerial. Un incentivo para que quienes siguen la trayectoria de Caputo inscribieran esta performance en su robusto historial de piletazos con poco o nada de agua, cuyos antecedentes se remontan a su participación en el gobierno de Mauricio Macri.
Las posteriores declaraciones del vocero y confirmado candidato porteño Manuel Adorni no aportaron más claridad y sumaron dudas cuando dijo que no podía responder si habría cambios en la política cambiaria en función del acuerdo aún en proceso con el FMI. Economistas y operadores del mercado no salían de su asombro.
Finalmente, el Presidente sorprendió hasta a su propio vocero durante la conferencia de prensa matinal con la decisión de dar una entrevista radial que terminó por alimentar críticas y desconcierto.
Milei consideró “irrelevante la cuestión cambiaria” cuando esta había sido la razón única del raid de apariciones públicas de sus principales funcionarios y de él mismo, hasta el punto de de incomodar a las autoridades del FMI.
A eso sumó otra fuga discursiva al despejar en su contra una de las dudas clave sobre los desembolsos que haría el organismo y confirmar que el país lo recibiría en cómodas cuotas, como había dicho Julie Kozack, vocera del FMI, luego de que Caputo eligiera ser ambiguo al respecto y sugerir con su formulación verbal que sería de una sola vez y de libre disponibilidad.
Por último, apareció el diputado José Luis Espert, amigo presidencial, economista y probable cabeza de la lista oficialista bonaerense, para decir que de los 20.000 millones de dólares, solo habría 6000 millones de libre disponibilidad, cuando por la tensión cambiaria de los últimos 10 días ya se había ido de las reservas el equivalente a un cuarto de ese monto.
La declaración del presidente de la comisión de Presupuesto de la Cámara baja, además, puso en cuestión los optimistas cálculos sobre el monto de reservas con el que contaría el Banco Central para asegurar la improbabilidad de saltos cambiarios, gracias al aún no aprobado acuerdo con el FMI y gracias a los aportes que están todavía en etapa de gestión con otros organismos, como el Banco Mundial y el BID.
Para sumar paradojas, Caputo y Milei volvieron a vincular la presión sobre el dólar con supuestos intentos destituyentes, después de sus denodados esfuerzos por relativizar la importancia y magnitud de las tensiones, al límite de haber intentado evitar hasta que se usara públicamente la expresión minicorrida. Nada que esclareciera tantas sombras.
La reacción de los mercados graficó los resbalones y tropiezos del oficialismo en su intento de enderezar la marcha.
La inicial reacción positiva, tras el anuncio de Caputo, se retrotrajo y al final de la jornada dejó pasó solo a tenues señales positivas. Muy leves retrocesos de los dólares financieros y del blue y del riesgo país fueron lo más rescatable de la intensa jornada. Todo demasiado lejos del efecto positivo buscado y prometido con el muy promocionado “bombazo” de Caputo.
En ese contexto de extrema demanda de atención, el Gobierno debió desdoblarse para tratar de terminar de ajustar la oferta que presentará para las elecciones porteñas, en medio de un desfile rutilante de nombre de candidatos y de posibles postulantes cuando falta poco más de 24 horas para el cierre de las listas.
Resulta esa una novedad más de estos tiempo para unos comicios que en cualquier otro momento, en el que no se dirimiera la jefatura de gobierno como ahora, hubieran tenido una relevancia menor.
¿Por qué, entonces, ocupan un lugar tan importante entre la dirigencia política, pero también entre los decisores económicos y, por supuesto , en los medios de comunicación cuando se transitan semejantes urgencias?
La respuesta tiene poco que ver con los asuntos que se someterán a consideración de los futuros legisladores y no porque carezcan de relevancia para la vida de millones de personas que habitan, trabajan y visitan la ciudad más importante del país.
Solo lo explica el hecho de haberse convertido en una virtual primera vuelta electoral anticipada que, en buena medida, en la que se dirimirán rivalidades relevantes, al menos en tres universos partidarios y delineará la configuración del mapa político para la última y decisiva mitad del gobierno de Milei.
De allí los nombres de alto impacto que se han barajado para integrar las listas destinadas a ocupar un destino que en la jerarquía política se considera menor, del que casi nadie nunca supo casi nada (ni siquiera donde queda su sede), con una de las ofertas más atomizadas que se recuerden y con consecuencias profundas para la pelea de fondo o el balotaje que serán las nacionales de octubre.
Las tres fuerzas políticas que disputaron la elección presidencial ponen en juego buena parte de su futuro.
Por un lado, está en disputa la consolidación y la proyección territorial del oficialismo libertario, así como el soporte político con el que contará un gobierno que atraviesa hoy su período de mayor turbulencia y la envergadura que tendrán tanto sus opositores como sus aliados.
De allí que el trío metalero integrado por los hermanos Javier y Karina Milei y Santiago Caputo esté resuelto a poner en juego a algunas de las pocas figuras de peso con las que cuenta el Gobierno (hacia adentro y hacia afuera) para disputar una banca de una legislatura local.
Por otro, lado el 18 de mayo se develará la capacidad de supervivencia del Pro, hoy en su etapa más aciaga, con fugas de los propios y embates ajenos, que abren duda hasta de la subsistencia de la casa matriz, que es el gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
El hecho de que en esta elección Mauricio y Jorge Macri, quienes manejaron y anticiparon el calendario electoral porteño, tengan hasta último momento dificultades para definir quién encabezará la lista amarilla es solo una de las expresiones del deterioro y vulnerabilidad de una fuerza que sido hegemónica en el distrito durante dos décadas.
Si no fuera por la fidelidad a Macri y el umbral de tolerancia que muestran dos mujeres fuertes del espacio, como María Eugenia Vidal y Silvia Lospenato, capaces de resignar convicciones y deseos propios, ni siquiera podrían haber armado un mínimo cuarteto de nombres con algún peso para empezar a discutir la integración de la lista partidaria. Así y todo al cierre de esta edición seguían transpirando para definirlo.
Igual de significativo es que quienes fueron en 2023 los dos aspirantes a Presidente del PRO sean hoy opositores, como Patricia Bullrich, que ya están en campaña por los libefrtarios y Horacio Rodríguez Larreta que lanzó su propio espacio. Lo mismo es que el gobierno nacional, al que el Pro le da un soporte vital desde hace 16 meses, se haya rehusado a aliarse y preferido desafiarlo en estos comicios. Expresiones acabadas de su estado de vulnerabilidad.
Por último, el peronismo se enfrenta a la oportunidad de imponerse en una elección porteña, cosa que solo tiene como antecedente la victoria del menemista Antonio Erman González en 1993. Al mismo tiempo, le daría una cuota de oxígeno o de ilusión al perokirchnerismo para la batalla bonaerense, tan crucial para ese espacio como es la elección porteña para el macrismo.
La lucha por la supervivencia y el futuro de las hasta hoy principales fuerzas político partidarias así como la fortaleza del Gobierno para encarar el tramo decisivo del mandato empezará develarse en las urnas de la ciudad de Buenos Aires el 18 de mayo.
Los temblores de estos días, cuya deriva aún resulta imprevisible, le agregaron un poco más de importancia e incertidumbre. Para no relajarse.
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